¡Feliz día de la tierra!

Cada 22 de abril se celebra mundialmente el Día Internacional de la Madre Tierra (Earth Day, en inglés). El Día de la Tierra fue establecido en 1970 por las Naciones Unidas, con la ayuda del senador estadounidense Gaylord Nelson para concientizar preocupaciones conservacionistas y ambientales.

Treinta y cinco años después, en un mundo globalizado como el de hoy, hay muchísimo que podemos hacer para proteger a nuestro planeta, tanto a nivel personal, como individuos, como a nivel corporativo, como grupo.

Mito o realidad

Las preocupaciones medioambientales y agendas ecológicas suponen aún un tema controversial en distintos ámbitos, desde el político hasta el educativo, y lo cierto es que existen “lagunas” de conocimiento y falsos conceptos que no siempre pueden comprobarse a favor de drásticas medidas “verdes”, como lo son el llamado “desarrollo sustentable” o la atribución al cambio climático de cualquier catástrofe natural.

Pero poniendo las controversias a un lado, lo que no se puede negar es que por cada causa, existe un efecto, y la contaminación medioambiental es una consecuencia directa de nuestras acciones como humanidad. Por otro lado, si podemos ayudar a nuestro planeta evitando el despilfarro de energía, consumibles, bienes y todo tipo de producción humana, esta acción tendrá un efecto manifiestamente positivo en nuestro futuro,  en la esfera humana y también a nivel económico, ya que en muchos casos, una actitud “verde” es una actitud “ahorradora”.

Responsabilidad social

Afortunadamente, en los años recientes ha surgido una tendencia en la esfera comercial, que va acercándose hacia un interés en preservar energías y ahorrar recursos, adoptando prácticas medioambientales para ser no solo más verdes, sino también más eficientes.

Entre las grandes empresas que han adoptado una agenda de comportamiento o producción “verde”, se encuentran gigantes como Nike, que redujo su huella de carbono en un 80%; Johnson & Johnson con una agenda de responsabilidad social impecable y gran uso de energía solar; New Belgium Brewing, la segunda mayor cervecería artesanal en EE. UU.; Ikea, con sivicultura sostenible; y la línea de productos para deportes al aire libre Patagonia.(1) (2) 

Entre las prácticas que han adoptado estas empresas se encuentran:

  • reutilización de desperdicios
  • reciclaje de materiales para producción de nuevos artículos
  • control del uso eficiente de energía
  • uso de energía limpia
  • disposición de bicicletas para empleados
  • e incluso servicios online (que se traduce en ahorro de gastos, energía y recursos)

Open English se considera pertenece a este tipo de empresas con una huella ambiental mínima, casi por definición: “aprendizaje online”.

Con profesores nativos de inglés ubicados en distintas partes del mundo, Open English hace uso de la presencia local de estos instructores en distintos husos horarios, haciéndolos disponibles 24/7 para estudiantes alrededor del planeta. Todo el contenido fue creado electrónicamente, y de esa forma se administra; con un producto que no es físico, a excepción de los profesores, los recursos se mantienen a un mínimo, así como el nivel de energía consumida por equipos como impresoras, copiadoras, etc. Se minimiza el uso de papel para comunicaciones internas y externas, y la empresa tiene una política de trabajo desde el hogar, lo cual indirectamente también beneficia al medioambiente, ya que los empleados no necesitan viajar a la oficina cada día laborable.


Ser estudiante de Open English también apoya al planeta, ya que no tienes que desplazarte (no tienes que subirte en un auto y contribuir a la emisión de gases) y como estudias por Internet, no se requieren libros ni fotocopias (ayudas a proteger bosques y evitas el gasto innecesario de papel).

Entonces, ¿ya eres verde?

Conoce más sobre Open English.

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