Se acerca el comienzo de un nuevo año y con él, la habitual evaluación de lo sucedido en el que está por concluir; concebimos este empezar como una nueva oportunidad para generar cambios, para trazarnos metas, para retomar los propósitos rotos y comprometernos esta vez a cumplirlos de verdad. Los incluimos en la lista; sí, esa tradicional lista de resoluciones de fin de año que de una u otra manera, todos hacemos tarde o temprano.

Es normal ver en nuestro listado cosas como:

  • Empezar una rutina de ejercicios
  • Bajar de peso
  • Mejorar los hábitos alimenticios
  • Viajar
  • Dejar de fumar o beber
  • Compartir más tiempo en familia
  • Lograr un ascenso o aumento de salario
  • Aprender algo nuevo, etc.

¿Cuántas de las resoluciones que tienes para el nuevo año estuvieron en listas pasadas porque fueron resoluciones inconclusas? O mejor, la pregunta es, ¿por qué hacemos una lista de resoluciones?

Piensa por un momento si es realmente una lista de “resoluciones” o es una lista de “deseos”. Quizá aquí, está parte de la respuesta del por qué se repiten una y otra vez. Cuando haces una lista de deseos, estás aferrándote a lo que te gustaría que sucediera y si no pasa viene a ti una sensación de desilusión y punto, pasas la página. En una lista de deseos, esperas a que las cosas sucedan. En una lista de resoluciones ¡tú haces que las cosas sucedan! Esta es la gran diferencia. Hiciste la lista de resoluciones, sabes lo que quieres, por qué lo quieres, te enfocas en ello, tomas control del proceso para llegar a la meta y haces que pase, no descansas hasta lograrlo. Pero… ¿cómo mantener la convicción, fuerza y empeño hasta el final? Por la motivación, todo lo que incluyas en esta lista debe despertar en ti una increíble e incalculable emoción que será el motor de impulso hasta el final. Es una cadena: si te motiva, te hace feliz; si te hace feliz, te armas de las herramientas necesarias hasta llegar al objetivo. El enfoque es claro, único, no hay cabida a las posibilidades, esto es lo que quieres, esto es lo que logras.

Ancla tus mayores motivadores a una visión superior de ti mismo, eleva tus estándares, traza resoluciones que te generen progreso personal, profesional, moral. A medida que trabajes en tus resoluciones durante el año y por ello veas reflejado tu progreso, de forma natural surgirán las razones que te mantendrán fuerte y sólido, ellas serán el apoyo en los momentos de debilidad en la línea de tiempo.

Lo primero que debes hacer es generar una visión que despierte el motor inspirador que llevas dentro. Plasma tus resoluciones en esa lista pensando en lo que vas a obtener con el cumplimiento de cada una y paralelamente piensa en el cómo la harás realidad y cuáles son esos hábitos que vas a generar para hacer que pase. Concéntrate en los detalles y las pequeñas cosas, en ellos está la clave para que las grandes cosas sucedan.

Vamos a mencionar un ejemplo real y sencillo: seguramente en alguna lista pasada escribiste “Aprender inglés”; el deseo no se cumplió, así que lo repites en la lista del siguiente año y dices “esta vez sí lo aprenderé”. Mmmmm bueno, la intención existe pero “Aprender inglés” no es inspirador.

La resolución debe ser más fuerte, ¡contundente! ¡LO VAS A RESOLVER! Vas a aprender inglés porque al hacerlo vas a poder conocer nuevas culturas, obtener un ascenso o trabajo superior, vas a enriquecer tus capacidades profesionales, etc. ¡Vas a progresar! ¿Te das cuenta? El planteamiento cambia.

Ahora, solo es cuestión de enfocarte, generar hábitos y el plan ineludible y disciplinado que te lleve hasta la meta. No pienses en “aprender inglés”, piensa en lo que realmente te motiva, piensa en lo que vas a obtener cuando concluyas el proceso. Visualízate y visualiza tu entorno cuando tu resolución sea una realidad.

Es hora de empezar tu lista de resoluciones.

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